EL TRANSPORTE DE NUESTRAS PALOMAS MENSAJERAS






Un problema de difícil solución. 
Al abrir un tema que genera tanta controversia desde hace ya bastantes años, permitidme en primer lugar presentarme y exponer brevemente los motivos que me animan a ello.
Soy Eliseo Casto López, con licencia Federativa 2825 y socio en activo del Club Colombófilo Mensajeras de Vigo; en síntesis, un aficionado más, solo que con la suerte de haber vivido otra forma de viajar nuestras mensajeras.


Pero no es este el motivo que me anima a dar una opinión como aficionado, al menos, no es el único, y es que los tiempos han cambiado, nosotros hemos cambiado, las posibilidades son distintas, los costes de un deporte tan grande como humilde se han disparado, los medios de comunicación han evolucionado hasta cotas increíbles, pero ¿alguien se imagina que nuestras mensajeras viajen algún día por e-mail…?
Cuando nos proponemos hacer un viaje, una de las cosas que más evaluamos  es el medio de transporte, y lo haremos siempre desde las distintas posibilidades que podamos tener a nuestro alcance, con una escala de valores muy vinculada a los objetivos que persigamos con ese viaje, así, no será lo mismo si pretendemos realizar una excitante excursión nada más llegar a nuestro destino o por el contrario se nos presenta por delante un placentero y reparador descanso antes de iniciar el disfrute, por ejemplo, de unas relajantes vacaciones.
Pero al tratarse de nuestras mensajeras, ¿cuales son sus necesidades?, ¿cuál el planteamiento que debemos hacernos? No cabe duda de que esas necesidades son previsibles y cuantificables, e incluso posibles de llevar a cabo, pero  ¿son accesibles a nuestra colombofilia actualmente?
Las primeras campañas se hacían a ritmo de “tren de mercancías”, aquellos en los que el tiempo parecía no contar, aquellos en los que, cuando viajabas en tren, lo primero que hacías era no olvidar un libro para el camino, como si fueras a estar en el salón de tu casa contemplando la chimenea y solo roto ese encanto por las prolongados silencios en las distintas estaciones de parada obligada para estirar las piernas e incluso tomarte un café, si era el caso.




Así viajaban nuestras mensajeras, a cubierto de sol y lluvia, protegidas de corrientes, relajadas hasta el aburrimiento, si se me permite la expresión, pero siempre, siempre con la vigilante mirada y atención de alguien que se adelantaba a sus necesidades e incluso a veces compartía espacios con ellas.
Hoy no es posible eso, al menos, yo no lo veo factible sin darle un vuelco a la colombofilia, con la incógnita del coste final, tanto en la necesaria reestructuración de horarios y encestes, como por el precio final de todo el proceso… Creo que las sueltas  dejarían de ser un deporte de “fin de semana”,  y eso  muchos aficionados quizás no se lo puedan permitir; De todas formas, ¿hay alguien que quiera pensar en ello?...
Volviendo a nuestra realidad, está claro que no tenemos el mejor transporte y quizás tampoco la forma en como lo aprovechamos sea la mejor posible. Tenemos un transporte de paquetería con vocación “ganadera”…que “no colombófila”, pero tal vez sea lo único que nos podemos permitir en estos momentos.
Lo primero que se me antoja que no hacemos bien es no darnos cuenta que nuestras palomas no son paquetes y por consiguiente no pueden viajar como tales, perfectamente estibadas e indebidamente manipuladas.


La densidad en los actuales camiones debe descender drásticamente, sobre todo en las grandes distancias (Fondo y Gran Fondo); En este caso la cantidad está totalmente reñida con la calidad del viaje, y no solo en número de jaulas por camión, también en número de ejemplares por jaula, de forma que las palomas no se estresen más de lo imprescindible, que no será poco, y además ¿quien no tiene ya más o menos claro a estas alturas las 5/10 palomas capaces de ganar en su palomar?; Para permitir más masificación están las sueltas de Velocidad/Medio Fondo, donde la paloma tiene otras  posibilidades aun viajando menos cómoda, pero a partir de ahí…¡solo selección!
Lo segundo que creo falla son los sistemas de comida y bebida ya que, del mismo modo que entrenamos las palomas para que aprendan el regreso al palomar, es necesario acostumbrarlas a comer y beber en las jaulas y en los camiones, poco o nada iluminados en su pasillo central, y tal vez sería bueno utilizar recipientes transparentes para la comida y bebida, así como iluminar intensamente la zona central del camión en el momento de servir los alimentos.



En tercer lugar las temperaturas que pueden alcanzar las palomas en los días de mucho calor podrían dar al traste con cualquier expectativa de buenos resultados ya que las palomas ni descansan ni beben ni comen adecuadamente, y no soy partidario de romper el ciclo natural de descanso nocturno de las palomaspara viajar de noche. ¿Quién es capaz de ponerse a cavar el jardín después de una noche en vela? Me inclino a iniciar viaje una media hora antes del alba, hacer alto a las 11:30 para comer y beber y descansar hasta las 18:30 en lugar fresco y luego viaje hasta las 23:30. Tal vez parezca una chorrada, pero creo que, a falta de aire acondicionado en los camiones, no estaría mal utilizar ventiladores en determinadas circunstancias, y desconozco el efecto sombra que la loneta del camión pueda generar en el lateral expuesto al sol durante el viaje, de lo contrario deberían utilizarse persianas opacas practicables. Para el descanso del medio día, a falta de una buena y amplia sombra, seria bueno que los laterales del camión se pudieran levantar a modo de visera, de forma que circulara el aire de lado a lado.
Y por último, al margen de la necesidad de diseñar un sistema para que todas las jaulas se abran simultáneamente en el momento de la suelta, evitando la posibilidad de que alguna se abra prematuramente o a destiempo, creo imprescindible que viaje siempre con las palomas un convoyer colombófilo ya que, sin ánimo de crítica, resulta imposible que una sola persona pueda manipular adecuadamente las jaulas y tampoco se le puede pedir que, sin ser colombófilo, conozca las características de nuestras viajeras para hacerlas comer, beber  y descansar adecuadamente. Para un camionero, las palomas son solo animales, lo mismo que los cerdos; no importa si arranca el camión más o menos bruscamente, o si la curva es más lenta o más rápida, solo importa que lleguen vivas a su destino, con eso ya cobra, y yo le entiendo. Hay mucha gente que piensa que los colombófilos estamos un poco locos.


No quisiera terminar sin añadir que, pese a nuestros rudos modos de hacer viajar a nuestras palomas, éstas, las más de las veces, nos perdonan y regresan con nosotros magulladas, maltrechas y sedientas para demostrarnos que, aunque viajen en galeras, ¡el camino de vuelta es posible!


Bibliografía: Libros, Internet, Enciclopedia.